Vivir con VIH: tantos esquemas como personas que lo portan

08.07.2013 12:34

Si bien el virus causa problemas de salud, hoy al ser crónico la atención está más puesta en el estigma social que representa. Formas de prevención, testeo e información son los recursos utilizados.

 

 (Por Melisa Concepción, Sofía Correa y Mailen Salemme) Mucho se ha escrito y se seguirá escribiendo sobre el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) en libros, diarios, revistas, redes sociales y cualquier otro medio de comunicación. Sin embargo, la información nunca será demasiada, porque si es bien utilizada sirve como un buen método de conocimiento para la prevención de la transmisión. El VIH puede ser encontrado en líquidos y secreciones corporales (sangre, semen, líquido preseminal, secreción vaginal y leche materna). Cualquier práctica que permita el contacto de esos líquidos y secreciones corporales con las mucosas y el torrente sanguíneo (una herida abierta, por ejemplo) de otra persona puede causar infección por VIH.

 Es común la confusión que se suele dar al hablar del virus ya que muchas personas dicen VIH o SIDA como si fueran lo mismo, pero no es así. El SIDA (Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida) es la etapa avanzada de la infección causada por el VIH. El síndrome (conjunto de síntomas) aparece cuando el VIH debilita las defensas del cuerpo. Esta situación predispone a las personas a desarrollar las enfermedades oportunistas (infecciones o tumores que se desarrollan por un sistema inmunológico deteriorado), aprovechando la caída de las defensas. Las principales infecciones oportunistas relacionadas con el sida se pueden agrupar en parásitos, hongos, bacterias, y virus.

 El virus del VIH no escapa a nadie, coloquialmente se suele hablar de grupos de riesgo que son aquellas personas que están más expuestas y pueden tener mayor posibilidad de adquirir el virus, sin embargo, los médicos ya han cambiado este término por conductas de riesgo. Lo cual engloba a todas las personas y tiene más sentido, porque en la actualidad ninguno está exento de adquirirlo.

 El VIH en algunas ocasiones provoca estigma, suele ser un tabú para algunas personas hablar de ello. Por eso son  totalmente confidenciales los análisis y tratamientos, donde en ningún hospital, sanatorio o centro de salud se divulgan los nombres de los pacientes tratados por ello. Otros, en cambio, deciden empoderarse y salir a hablar del tema, a concientizar, a generar espacios de prevención, sobre todo de parte de las organizaciones no gubernamentales.

 Por lo tanto, existen todo tipo de espacios destinados al tratamiento del tema VIH, donde cada persona puede recurrir a sacarse sus dudas, informarse, hacerse análisis y hacer visibilidad de un tema que ha estado durante años mal visto, provocando discriminación hacia quienes lo portan. Argentina cuenta con la ley Nacional de Sida N° 23.798, donde entre otras cosas se contemplan los tratamientos gratuitos para toda persona con VIH.

 

El VIH en Rosario

Cada ciudad tiene sus determinados espacios para hablar sobre el tema y Rosario no es la excepción. La Asociación Civil VOX (Entre Ríos 1791), es una ONG que trabaja en distintos proyectos con respecto a la temática y donde también se realizan análisis de detección de VIH y otras Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) en forma gratuita. El Programa Municipal de Sida (Promusida), se encuentra en el edificio de la ex Maternidad Martín (Moreno 960 1°piso); el Programa Provincial de Control de ETS y Sida, en Rioja 825 y también existen distintos espacios de atención en los centros de salud y hospitales públicos y sanatorios.

 Uno de los casos de transmisión de VIH es la vertical (madre-bebé), y que en los primeros años de aparición del virus, por la década del ´80, fue uno de los mayores focos de atención. Fue tal la magnitud de recursos médicos y económicos volcados hacia ese espacio que hoy el número es totalmente distinto al de hace algunos años. El doctor Damián Lavarello, coordinador general del Promusida, contó: “La transmisión madre-hijo ocurría antes en un 25 por ciento, por cada cuatro mujeres VIH positivas que cursaban el embarazo, una lo transmitía. Ahora bajó al 2,5 por ciento, de cada 50 mujeres VIH positivas que cursan el embarazo hay una que lo transmite. Rosario tiene la tasa de transmisión vertical publicada del país más baja: 2,4 por ciento”. En los últimos diez años, explicó Lavarello, hubo doce transmisiones verticales que se verificaron entre los niños nacidos en las maternidades públicas de Rosario (alrededor de 72 mil partos, de los cuales hubo más de 400 mujeres positivas reactivas). Y seis de esos casos en realidad fueron durante el período de lactancia.

 Durante el embarazo a la mujer se le realizan dos pruebas de VIH, una en el primer trimestre y otra en el tercero.  La medida de prevención fundamental es la administración de distintos esquemas de drogas antirretrovirales a la mujer embarazada desde el cuarto mes y hasta el parto, buscando que su carga viral sea indetectable al momento del nacimiento del niño. Otras medidas complementarias que también pueden ser utilizadas, incluyen cesárea y la alimentación con fórmula. Cabe resaltar que la leche maternizada la provee el Estado para las mamás  que tienen VIH, siempre y cuando no cuenten con una obra social.

 María Alcira González, miembro de la Asociación Civil VOX, amplió: “La mujer embarazada con VIH debe tomar la medicación los últimos cinco meses del embarazo, tener una cesárea en el momento del parto y no dar de mamar. Actualmente, inclusive mujeres que logran la carga viral indetectable van a parto natural lo cual es mucho mejor”. El doctor Jorge Galíndez, jefe del Servicio de Clínica Médica del Hospital Escuela Eva Perón, detalló: “La posibilidad de la infección existe si la mamá no ha hecho una correcta profilaxis de la transmisión vertical e incluso haciéndolo de forma correcta existe un promedio de riesgo de que el chico nazca infectado. Por temas de las mutaciones del virus, las resistencias, o si la mamá está tomando bien la medicación pero el virus que ella adquirió es resistente, entonces es lo mismo que si no tomara nada”

 Durante la década del ´90 fue cuando se generó la mayor tasa de transmisión vertical. Galíndez  señaló: “Era increíble las dificultades que había para pedir un análisis de VIH a una mujer embarazada, incluso había una ley que lo prohibía. Hubo que modificar mucho la cultura porque además se consideraba que la estábamos invadiendo, cuando lo que estábamos tratando era de evitar una situación que luego iba a traer problemas”. Si bien las estadísticas establecen que hoy en día el número de esa transmisión vertical es mucho menor a la de años anteriores, en materia de VIH siempre hay diferentes aristas que van surgiendo.

 Las recomendaciones de las Sociedades de Pediatría han extendido el período de lactancia hasta los dos años del bebé porque genera buenos efectos. Se estipula: pecho exclusivo hasta los 6 meses y continuar la lactancia dos veces hasta los 12 meses y una vez hasta los dos años. “En el contexto de una epidemia de VIH persistente, la extensión de la lactancia es un tema a trabajar. Los médicos no nos preocupábamos por el VIH en ese período hasta que se dio, es como que estamos dejando librado al azar que la madre tenga o no VIH y que lo infecte o no al bebé, porque la vida de una mujer puede cambiar mucho en dos años”, relató el coordinador general del Promusida.

 La transmisión en el período de lactancia tiene una tasa como cualquier otro fenómeno, una de cada tres mujeres que se infecta en ese tiempo genera la transmisión. La preocupación está en que si se aumenta la transmisión por lactancia la tasa crecerá. Damián Lavarello advierte que es una nueva dimensión que tomó la epidemia y que se trabaja para controlarlo.

 

Antiretrovirales pediátricos

El hecho de la transmisión vertical en su momento y por lactancia en la actualidad trae a consideración un tema no muy publicado, como lo es la existencia o no de fórmulas pediátricas de antiretrovirales, para el tratamiento de VIH en bebés y niños. “El tema del tratamiento antiretroviral se investigó y se continúa haciendo en adultos. Los niños no tienen formulas pediátricas de todos los antiretrovirales de los adultos -contó Lavarello-. Los niños son los de más alta vulnerabilidad para los ensayos clínicos. Tienen que tener padres comprensivos, para que vean que son necesarios, sino no se pueden desarrollar drogas”.

 El doctor comentó que además hay cierta ociosidad de los laboratorios e industria farmacéutica de preocuparse por esta población, ya que no son tantos en la actualidad. Por su parte, el doctor Galíndez afirmó: “Los medicamentos se fabrican de acuerdo a la demanda. Resulta antieconómico fabricar si no hay demanda y ya existen en el mercado medicamentos que funcionan. Desde el momento en que alguien dice que una molécula puede tener una dosis beneficiosa contra el SIDA hasta que este mismo llega y uno lo puede comprar en la farmacia, pasan 10 años. Es por eso que llega sólo uno y caen un montón, porque representa la perdida de millones de dólares, por eso hay que ser un poco más objetivo con el tema de la industria porque no son ninguna ONG, son empresas de negocios”.

 Sin embargo, no hay que olvidar que quienes toman esos medicamentos son personas y tienen una historia detrás. María Alcira González explicó: “No existen todos los medicamentos pediátricos que deberían haber, tal vez porque acá en Argentina particularmente suponemos que no hay una cantidad de niños que justifique la fabricación. Por eso los médicos recetan dentro de las drogas pediátricas que hay, y una vez que pasan ese momento crítico ya le pueden dar las píldoras que toman los adultos”.

 González es madre de Camila Arce, una joven de 18 años que nació con VIH, y sobre la forma de administrarle los medicamentos a su hija cuando era bebé, contó: “Nos hemos arreglado moliendo pastillas o sacando el contenido de la cápsula y mezclándolo con algo. En otros casos le daba un jarabe que era intomable y para eso se lo mezclaba con algún yogur o postrecito”.

 Camila Arce, miembro de VOX y la Red Argentina de Jóvenes y Adolescentes Positivos (RAJAP), recordó esos momentos: “Yo empecé tomando los primeros antiretrovirales que aparecieron en Argentina, que eran el AZT y Ritonavir (inhibidores de la proteasa). A partir de ahí empezaron a surgir otros medicamentos más eficaces, pero por un primer momento era el Ritonavir, que era un jarabe. El DDI que era una pastilla grande que era muy difícil de digerir y el AZT ya venía en jarabe o en pastillas”. Además comentó que tenía que tomar unas pastas disueltas en yogur o postres, y jarabes “muy feos”. “Era difícil porque no había medicación para niños y habían medicamentos muy efectivos pero en cápsulas o en pastillas que no las podía tomar hasta los ocho años. A los diez estaba tomado 16 pastillas por día porque según mi crecimiento y mi peso me las aumentaban. Ahora tomo seis por día y para mí no es nada”, agregó la joven.

 Hoy la realidad es más auspiciosa. “La mayoría de los adultos toman comprimidos en este momento, un esquema diario para una persona adulta puede ser de una a seis pastillas. Esto depende del esquema que te dé el médico, generalmente son tres drogas las que se combinan, normalmente es un inhibidor de proteasa que es una enzima de todo el proceso celular y justamente esta droga viene a inhibir el accionar de esta encima, haciendo que indirectamente el virus no pueda actuar. Actualmente los medicamentos no tienen gusto a nada porque cuando tomás una pastilla es como si tomaras una común, no sentís nada”, aseveró González.

 Si bien el número de niños infectados verticalmente descendió notablemente en Argentina, el VIH es un virus mundial y la realidad de los países varía sustancialmente. Por ende, que no sea considerable fabricar un antiretroviral pediátrico considerando las estadísticas de este país, es entendible, sin embargo, tomando otras estadísticas la respuesta cambia y se transforma en una pregunta: ¿por qué los laboratorios no piensan en los miles de bebés que mueren cotidianamente en África, por ejemplo, a causa del VIH? “El gran problema del oligopolio de los laboratorios es la competencia. Pero se está jugando con la salud de las personas y acá no hay ninguna decisión política con respecto a eso”, resaltó González.

 

¿Qué recursos se destinan a quienes viven con VIH?

 El VIH no termina en un tratamiento crónico con medicamentos, aunque esa suele ser la respuesta del Estado a simple vista. El Programa Nacional de SIDA y la OMS distribuyen fondos en todo el país para que los medicamentos sean gratuitos, en los efectores públicos se entregan a quienes no poseen obras sociales y a los que sí tienen se los proveen las mismas, al igual que los controles y tratamientos. Sin embargo, que sea gratuito no significa que todo aquél que posea VIH se cuide, asista a las consultas y tome los medicamentos, ya que depende de la adherencia al tratamiento de cada persona. “No hay ningún paciente que se quede sin tratamiento si quiere hacerlo. Pero hay dos grupos de pacientes: los del siglo XXI y los que viven como si estuviéramos en los 80'. Depende de muchas cosas, primero del nivel educacional y cultural”, subrayó Galíndez.

 Por su parte, María Alcira González sentenció: “Hay como una especie de relajación, por decirlo de alguna forma, con la gente que está conviviendo con VIH lo cual no fue siempre así, pero desde el antes y el después de la aparición de ciertas drogas y la obligación del Estado de cubrir esos tratamientos y el derecho que tienen todas las personas de reclamarlo, cambió”. Contó también que el Estado no tiene los suficientes recursos como para invertir en la “calidad de vida” de quienes hoy viven con VIH. “Ya no se habla más de la gente que tiene VIH como si todos pudieran entrar a trabajar, como si lo pudiera divulgar tranquilamente a quien quiera, como si fuera algo más. Y sabemos que no es así, los medios cuando hablan lo hacen de casos muy puntuales. Pero evidentemente desde que aparecieron los medicamentos que te pueden mantener estable se cree que es algo crónico y que ya no es más un problema. Pero desde lo social sí lo sigue siendo”, sumó.

 El Estado nacional actualmente retomó algunas líneas de trabajo que había comenzado el Fondo Mundial de lucha contra el SIDA, la tuberculosis y la malaria, que estuvo en el país desde el 2002 hasta el 2008. “Había muchos proyectos trabajándose pero en el 2009 se terminaron todos y el Fondo se fue de la Argentina. Ahí se comenzó a ver esta brecha en cuanto a la falta de fondos para trabajar la prevención y atención. Quedó dando vuelta esto de trabajar en poblaciones de vulnerabilidad incrementada, que son algunas poblaciones que ellos consideraban prioritarias para llevar como objeto de seguimiento. En esa población estaban los gays y bisexuales, no incluyeron a las mujeres, sí a la población con VIH y a las trabajadoras sexuales”, rescató González.

 “Carecemos de un servicio social adecuado que permitiría ir a buscar a pacientes que han dejado el tratamiento o no se han presentado desde hace un tiempo -agregó Jorge Galíndez-. Eso es porque no existe una política pública para cuando el paciente se sale del sistema”.

 Esto trae aparejado el tema de la asistencia psicológica a quienes viven con VIH. “No está implementado como algo que en todos los lugares debe haber un equipo de psicólogos o algo por el estilo -explicó González-. En algunos casos  se lo ha requerido por cuestiones críticas a nivel familiar y por recomendación. Pero la salud trabaja siempre en la urgencia”.

 Por su parte, Galíndez comentó: “En nuestra Unidad de Retrovirus de Servicios se trabaja con psicólogos al lado del médico. Nuestro psicólogo es un infectado del VIH, es extraordinario el seguimiento porque tiene una gran conexión con la gente”. Al respecto, Camila Arce contó: “Empecé con una especialista de VIH en el Hospital de Niños, que era muy raro porque el psicólogo no tiene por qué ser especialista de VIH. Fui un año porque no me entendía, ella quería hablar de VIH y yo no porque en ese sentido estaba bien, después con el tiempo empecé otro tipo de terapia”.

 Como el VIH es crónico muchas veces se pasan por alto determinadas cuestiones, como lo son diversos seguimientos que puede necesitar un paciente. Hablar sobre el tema con alguien especializado más allá del médico que lo atiende puede ser una de las cuestiones, tener grupos de pares con los cuales compartir experiencias, vivencias, preguntas, son situaciones que escapan a la salud pública pero que en un punto también la construyen y que determinados recursos deben ser destinados para ello. ¿Por qué hasta el día de hoy no ocurre? Porque existe un orden de prioridades en cuestión de salud pública y hoy en día la emergencia es la prevención de nuevos casos de infección y no el seguimiento a quienes ya lo tienen.

 Otra cuestión la configura el hecho de que las personas que viven con VIH reciben pensiones del Estado. “Hay una pensión para la gente con VIH que se tramita a través del Ministerio de Desarrollo Social que según el lugar es más o menos burocrático, a veces es más fácil tenerla en corto plazo, y otras hay que esperar mucho. En muchos casos viene a salvar una situación de urgencia, porque hay personas que están bien pero que a la hora de pedir trabajo las rechazan”, comentó Alcira González. Galíndez, en cambio, opinó: “Yo nunca fui partidario de las ayudas económicas por parte del Estado porque es una forma de excluirlos”. En este caso, el médico deja salir a la luz que es más fácil callar a las personas que educarlas. Es decir, al darle una pensión a una persona que vive con VIH el Estado está cumpliendo su tarea asistencialista por un lado, pero por el otro deja de preocuparse en el seguimiento a esa persona y le quita otros derechos como lo sería una ayuda más integral. Por lo cual, resulta más beneficiado el Estado ya que una pensión que tarda tiempo en salir es menos inversión que brindar mayor información y asistencia especializada.

 

¿Se puede hablar de VIH?

El VIH continúa siendo un tabú e incluso médicos que trabajan con el tema lo siguen avalando. “Yo personalmente le recomiendo al paciente que cuente su situación a la menor cantidad de gente posible porque va a estar mejor y la gente también. Porque no va a sentir la discriminación de las personas más inesperadas”, señaló Galíndez. Si bien es verdad que la discriminación no perdona, el trabajo cultural y social lo cambia cada uno, y ocultar el tema no resuelve nada. Sin embargo, es la forma en que se trata el VIH partiendo de la base que es una condición propia de cada ser humano y por ello los estudios son anónimos y confidenciales. “Mucha gente no quiere hablar y no quiere asimilar que tiene VIH y por eso lo vive mal y creen que lo van a discriminar, lo cual pasa con cualquier otra persona también”, sentenció Arce.

 

Cada persona es un caso

Hay personas que nacieron con VIH, otras que se infectan en la adolescencia y otras en la adultez, lo cual hace que cada caso sea diferente. “La diferencia de los que nacimos con VIH es que no sabemos lo que es vivir sin él, por ejemplo, lo de la medicación pediátrica, nosotros fuimos los que tomamos esa medicación, los que no queríamos saber nada con las pastillas porque eran 16 y nosotros teníamos diez, cinco, tres años”, aseveró la joven miembro de VOX y la RAJAP. Además dijo que muchos adultos se quedan en su parecer de que tienen VIH y se van a morir. “La Red de Jóvenes siempre se mostró muy positiva ante la vida, cosa que la de adultos no, siempre tiene eso de la victimización y la muerte pero es por una cuestión de edad y porque vivieron otras cosas”, añadió.

 Respecto de quienes nacieron con VIH, Damián Lavarello rescató: “Es algo muy auspicioso, la llegada a la adolescencia y adultez joven de quienes nacieron con el virus por transmisión madre-hijo. No sabíamos cuántos años iban a vivir, cómo iban a llegar. Hoy muchos están llegando muy bien, otros tienen problemas de desarrollo de estatura y peso reducidos, perdieron algo en el camino. Pero muchos llegan atléticos, sanos y con desempeños excelentes”. Y también habló sobre una cuestión que produce temor muchas veces en los adolescentes que nacieron con VIH, como lo es el cambio del médico pediatra de toda la vida, al clínico. “Hay cosas comunes, conocimiento de antiretrovirales, seguimientos, y cosas distintas, al pediatra van con mayores, al clínico la gente va sola o en pareja, no con los padres. Es un escenario diferente”, subrayó.

 Que cada caso sea diferente también demuestra la falta de políticas de salud pública del Estado para dar tratamientos diferenciados a cada persona. Alcira González, en base al tema, expuso: “Hay chicos y grandes que se han cansado de tomar medicación. Hay gente que hace 15 o 20 años que toma medicación y llega un momento que hay un agotamiento y es muy delicado. El cansancio tiene que ver con esto de ¿hasta cuándo? ¿Y qué me espera más adelante? Pero es una pregunta que no la puede responder nadie porque todos nos preguntamos qué nos espera más adelante y nadie lo sabe. Todos tienen temor pero una persona que tiene algo con lo que puede morir es peor, es un plus que tenemos”. Esto también pone de manifiesto una gran deuda pendiente con quienes hoy viven con VIH: destinar mayor cantidad de recursos hacia la mejora de la calidad de vida.

 Lavarello también habló sobre un momento clave como lo es el develarle a un niño para qué toma las pastillas. “Cuando niño se las toma a regañadientes pero sin mucha explicación, luego el niño sospecha. Después es imposible que siga tomando pastillas sin explicarle para qué son y ahí se le debe contar el tema del VIH. Muchos niños lo han vivido como un impacto y llegaron a echarles en cara a los padres por qué viven eso”, expresó. El momento de correr el velo sobre el tema, dijo Lavarello, puede ser tremendo si no se hace un seguimiento.

 Alcira González expuso su caso particular: “Yo le expliqué a mi hija que no estaba enferma y que no iba a estar nunca enferma pero que para eso necesitaba tomar los medicamentos, y después cuando falleció el padre ella tenía 4 años y yo le decía que el padre había fallecido porque no podía tomar los medicamentos, porque no todo el mundo puede tomarlo. Con ella hablábamos mucho de este tema, lo que hizo que tomara conciencia desde chica”.

 Es evidente que existen tantos casos como personas que tienen el virus y que no hay una receta de cómo tratar el tema tanto con los jóvenes como con los adultos. Lo que sí se puede rescatar es que hay algunos procedimientos recomendados por los médicos de cómo se puede manejar la comunicación del VIH y las formas de actuar al respecto.

 

Recursos orientados a la prevención

El doctor Galíndez comentó que a su parecer debe haber centenares de miles de jóvenes en la República Argentina que nunca han escuchado la palabra SIDA. “El Estado ha abandonado todo tipo de prevención y de cuidado, hace tiempo que no veo a nadie que se preocupe seriamente de esto como un hecho preventivo complejo, como lo que es. No es poner un cartel ni decirlo una vez por televisión sino que es una cosa constante, no una hay inversión del Programa Nacional ni Provincial, en mi visión sólo negocian con las ONG algún subsidio para que no molesten demasiado. Mientras tanto el virus del SIDA se mantiene circulando tranquilamente por la ciudad”, aventuró. Galíndez sostiene que la respuesta del Estado en general es: medicación y controles de laboratorios. “Como un hecho efectivo, donde uno pueda ver un cambio, no hay nada”, sentenció.

 “Yo creo que el país no tomó conciencia real del VIH todavía. Se le dio más lugar a la prevención, que tampoco es efectiva, sigue habiendo casos y siempre va a haber, eso es algo que no se puede evitar. No va a desaparecer el VIH, a lo mejor no va a ser una epidemia como lo fue hace 20 años pero casos va a haber siempre de gente que se descuida”, dijo González. El doctor Lavarello contó que la epidemia a nivel internacional está en un momento donde toda acción que evita nuevas transmisiones debe ser abordada. “Hay intención en hacer más sobre la población de la diversidad. Incluyendo aspectos de comunicación, cuidar contenidos, evitar que parezcan reeestigmatizantes. Hay una decisión política de mejorar los indicadores, disminuir las nuevas infecciones. Es una realidad distinta la de quienes viven con VIH a partir de ahora, a los que lo hacen desde antes”, remarcó.

 Galíndez retomó diciendo: “Los nuevos infectados tienen un promedio de edad de entre 30 y 40 años. En los jóvenes creo que se mantiene intacto pero tiene que tener un trabajo constante porque se va una generación y viene otra, entonces es un deterioro enorme. Lo que yo puedo apreciar acá es que hay muy poca gente tratando el tema y se necesita una reflexión mayor con una discusión, donde es difícil ponerse de acuerdo. Por ejemplo, sobre la utilidad o no del preservativo porque la actividad que tiene como barrera es indiscutible, lo que se puede discutir es que si la persona lo va a usar o no. La gente no lo usa porque el preservativo es visualizado como una cosa que se interpone en el placer total”.

 Además comentó de un nuevo método de bioprevención que de a poco va tomando lugar. “La bioprevención ahora se llama profilaxis pre exposición, que es tomar una medicación que te impide infectarte. Obviamente generó una corriente positiva enorme, hay estudios clínicos, algunos terminados y otros en marcha, que están produciendo distintos resultados, algunos son muy alentadores y otros no tanto. Es decir, no hay todavía una definición clara del porcentaje de utilidad. En todos los congresos del mundo esto está como un tema prioritario”, concluyó.

 Si hubiera que encontrar un responsable del VIH hoy, ¿quién sería? Se dice que el virus proviene de uno similar que portaban los monos. Más tarde se hablaba de la “peste rosa” y se señalaba a los hombres gays como los portadores, hasta que después descubrieron que los heterosexuales también lo portaban. A partir de allí, la epidemia se generalizó a todo el mundo y hoy no escapa a nadie. Sin embargo, a quienes más afecta es justamente a los más desprotegidos, como el continente africano.

 Mucho énfasis se ha puesto a nivel internacional en descender algunos indicadores de la transmisión. Pero cuando las energías se concentran en un área también se desprotegen otras. En ese caso es el Estado el que debe contemplar todas las posibilidades y optar por la mejor opción, aunque siempre teniendo un plan alternativo en caso que la primera opción fracase. Tal es lo que sucedió con la transmisión vertical y ahora la prolongación del período de lactancia.

 Quizá no haya un culpable, pero sí varios responsables. El Estado no debe descuidar nunca el tema, brindar medicamentos en forma gratuita es muy importante pero también es la obligación de éste comunicar sobre los métodos de prevención, elaborar propagandas invitando a hacerse el test. Realizar una tarea de acompañamiento a quienes viven con VIH, mediante psicólogos, grupos de ayuda y no dejarlo librado a las ONG porque muchas veces la llegada de las mismas a la sociedad no se compara en extensión de cobertura con la del Estado. Las ONG pueden aliviar el trabajo estatal, pero de ninguna manera suplantarlo.

 También cada persona es responsable por sí misma, debe generarse una conciencia de emplear métodos de prevención frente a situaciones de riesgo, hacerse el test de VIH y otras ITS periódicamente e informarse sobre el tema. Si una persona padece el virus debe adherirse al tratamiento, primero y principal, por su vida y luego para evitar situaciones de riesgo para con otros involucrados.

 Pueden ser los laboratorios y la industria farmacéutica otros responsables, ya sea por el hecho de hacer de la enfermedad un negocio. Donde sólo algunos pueden fabricar los antiretrovirales por ser quienes poseen la patente, que los mismos sean realmente caros y el Estado tenga que invertir muchos recursos en la adquisición. Son responsables de no preocuparse por las formulaciones pediátricas porque la mayoría de los países tienen un índice bajo de pacientes pediátricos con VIH (excepto África), son también quienes no están interesados en el desarrollo de una vacuna o algún tipo de cura y ya no de control hacia el virus, porque eso haría que el negocio económico perdiera lugar. En este caso tienen plena responsabilidad de jugar con la vida de las personas a costa de un negocio.

 Se puede dilucidar en consecuencia que el VIH tiene múltiples responsables, que sus aristas son inacabables. Que quienes lo portan tienen que lidiar no solamente con el virus, la medicación, los efectos secundarios, sino también con la falta de acompañamiento, la discriminación y el sentirse parte de un negocio multimillonario donde ellos resultan los más perjudicados. Todo esto por el simple hecho de vivir en una sociedad capitalista donde cada uno se preocupa por abultar sus bolsillos sin importarle el que está al lado y las consecuencias que ello produce. Por lo tanto, más que recursos en una prevención habría que ponerlos en generar educación, la única base de toda problemática social.

 

 

Información necesaria

Se transmite:

- Por tener relaciones sexuales anales, vaginales u orales sin preservativo, ya que puede pasar a través del flujo vaginal, el líquido preseminal o el semen en contacto con las mucosas (tejido en el interior de la boca, la vagina, el pene o el ano) de otra persona.

- Por compartir agujas, jeringas, máquinas de afeitar, alicates, piercings, agujas para tatuar o cualquier otro elemento cortante o punzante en general; compartir canutos que contengan sangre de una persona infectada también lo transmite.

- Por transmisión de madre a hijo. En caso de mujeres embarazadas con VIH, el virus se puede transmitir al bebé durante el embarazo, en el momento del parto o durante la lactancia. Es lo que se llama transmisión vertical.

 

Para toda transmisión existe una prevención:

-La única manera de prevenir la transmisión del VIH en las relaciones sexuales es usando correctamente el preservativo desde el inicio y hasta el final de todas las relaciones sexuales.

-La infección por transmisión sanguínea se previene evitando compartir equipos de inyección, canutos u otros instrumentos cortantes o que pinchen (como los que se utilizan para realizar tatuajes o aritos que no estén esterilizados).

-Transmisión vertical (madre-bebé): es importante que la mujer embarazada y su pareja usen preservativo y realicen el test de VIH e ITS (infecciones de transmisión sexual) en el embarazo, ya que de esta manera se previene la posibilidad de transmisión de estas infecciones al bebé. Cuando una mujer embarazada tiene VIH-Sida el virus puede pasar a su bebé en tres momentos: durante el embarazo, en el parto y mientras le da el pecho. Existen tratamientos especiales para que el virus no pase al bebé que pueden variar en gran medida dependiendo si la mujer está tomando medicación o no.

 

Páginas relacionadas:

https://www.msal.gov.ar/sida/ Dirección Nacional de Sida y ETS

https://www.pmsida.gov.ar/ Programa Municipal de Sida (Promusida)

https://www.rockandvida.com.ar/ Rock and Vida

https://www.jorgegalindez.com.ar/principal.htm Jorge Galíndez

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