Educar a traves del arte y la fuerza de voluntad

23.09.2013 13:44

Mónica Gangemi creó la Asociación Civil Conciencia Vial por Ursula y Carla cuando su hija fue víctima fatal de un accidente automovilístico.

(Por Mailen Salemme) Ese miércoles 22 de mayo de 2005 Matías Capozucca al volante de su BMW, alcoholizado, perdió el control del vehículo y terminó con la vida de Úrsula Notz y Nayib Abraham. Del accidente el único que salió ileso fue él ya que la otra acompañante, Carla Alfaro, quedó inmovilizada en una camilla de por vida. El accidente, conocido como la tragedia de Parque Norte, hizo que poco tiempo después, a fines de ese año, familiares y amigos de las víctimas buscaran una sanación del dolor y la encontraron en la creación de la Asociación Civil Compromiso Vial por Ursula y Carla, cuyo fin es la sensibilización y concientización vial.

 Durante todos estos años, la cara visible de esta Asociación, y sobre todo su sostén fundamental, es Mónica Gangemi, mamá de Ursula, dueña de una lucha por la justicia interminable. “En ese momento empezamos a despertarnos del shock y nos dimos cuenta que teníamos alrededor chicos que venían todos los días a ver cómo estábamos y a decirnos que no podía ser que no hubiese justicia. Nos empezamos a dar cuenta que ellos necesitaban que se cambiara la realidad porque también reaccionaban a la finitud de la vida y a lo injusto de la situación”, contó Mónica.

 Así, sólo con fuerza de voluntad y una gran sed de justicia empezaron el camino a la concientización vial, y la Asociación es hoy una de las más importantes del país. Por eso buscaron la manera de concientizar a la sociedad, y lo hicieron de una manera muy particular: “Como los chicos son muy dedicados al arte, las ideas que empezaron a surgir tenían que ver con la música, la danza, la pintura y todo tipo de expresiones artísticas y las hacíamos en la calle para que nos viera mucha gente”, expresó. Además, remarcó que desde el primer momento tuvieron un gran respaldo de los medios de comunicación.

 Pero el tiempo y el trabajo que requiere mantener una Asociación como ésta muchas veces pueden desgastar, considerando además las trabas que surgen en el camino: “Es muy difícil mantener durante tantos años un trabajo voluntario con la vida y el trabajo de cada uno en paralelo, sobre todo con sus depresiones y ánimos, porque esto al ser también para los familiares de víctimas hay que sustentarlo afectivamente. Los primeros 7 años fueron muy difíciles, había semanas enteras que no podía salir de mi casa”, aseguró.

 En cuanto a la seguridad vial en la ciudad de Rosario, reconoció que ha evolucionado en la práctica pero que en cuanyo a la educación hay mucho por hacer: “La educación vial en la ciudad es pobrísima. Por ejemplo, cuando vas a rendir para sacar el carnet te toman si sabés estacionar cuando en realidad nadie se muere por estacionar bien o mal. Estas cosas nos dan la pauta que la educación vial de la ciudad hay que reveerla firmemente para que vivamos en una ciudad verdaderamente protegida en lo vial”. Además sostuvo: “La seguridad vial es un derecho humano, derecho a la vida y a la libre movilidad de las personas, no de los conductores”.

 En cuanto al terreno judicial, Matías Capozzucca fue condenado en el año 2009 a cuatro años de prisión y diez de inhabilitación para conducir. Pero sólo estuvo siete meses en prisión. Es por eso que Gangemi no ve en la justicia, ni en la familia del joven que manejaba el auto que acabó con la vida de su hija, un resarcimiento: “Desde el principio nunca tuvimos ninguna respuesta de la familia y nunca la esperamos tampoco. Personas confiables vieron a Capozzucca manejar de nuevo, pero nunca se pudo comprobar. Judicialmente es frustrante. Por favor que venga la justicia legítima porque realmente ser víctima en este país es la segunda tragedia que te puede tocar”.

 Sin embargo siempre hay un paso más, sobre todo para esta mujer que todos los días se levanta pensando en qué cosas mejorar en cuanto a lo vial y asegura que la gran discusión de fondo es ponerse de acuerdo con los porcentajes de velocidad permitidos. “Seguimos insistiendo en la modificación del código penal para que determinados hechos viales que hoy se llaman intenciones sean delitos, como conducir alcoholizados o pasar un semáforo en rojo. La gran discusión de fondo que tenemos es ponernos de acuerdo con los porcentajes de velocidad permitidos”, explicó.

 En el país se mueren más de 18 personas por día producto de accidentes viales, es por eso que nadie está a salvo. Esto, además, parece ser el motor que impulsa a Mónica a seguir trabajando para que no haya más Ursulas ni Carlas. “Yo tengo más hijos y jóvenes que adoro, mi propia vida incluso está en riesgo vial, si yo tengo que seguir viviendo y conviviendo con todos estos seres queridos en esta situación vial o la cambio o me tengo que ir a vivir con todos a otro mundo. Si me quedo, me quedo para transformar. Y por otro lado, no soporto la idea de que mi hija haya muerto en vano, tiene que servir para algo. Aunque sea llorando pero las cosas hay que hacerlas”.

 Mónica es un claro ejemplo de que del dolor se puede salir. Nadie dijo que era fácil, pero después de superar algo tan antinatural como el hecho de perder a un hijo parece ser que tras tantos años de lucha continuada, y sobre todo a partir de una fuerza incontenible, encontró el motor para seguir viviendo: “Yo hoy me siento mucho más aliviada porque entiendo que sirvió y que hay una reivindicación por su memoria. Hay que seguir batallando para que verdaderamente el cambio cultural sea fuerte y sostenido por sobre todas las cosas. Esto es sólo el cimiento en la conciencia del cuidado de la vida de la gente”.

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