Bullying: un arma peligrosa entre los jóvenes

22.10.2013 00:02

(Por Melisa Concepción, Sofía Correa y Mailen Salemme). Según un estudio realizado por el Observatorio de la Convivencia Escolar de la Universidad Católica Argentina (UCA), el 62 por ciento de los alumnos reconoce que alguna vez molestaron a sus compañeros o ejerció bullying. Además se reveló que uno de cada cuatro alumnos entre 10 y 18 años manifestó tenerle miedo a alguno de sus compañeros. El 46 por ciento dice sufrir violencia “a veces” y el 11 por ciento “mucho”.

 La definición de bullying es: el abuso verbal o físico hacia una persona, lo cual puede derivar en hostigamiento social hasta suicidio. Estadísticamente se da en mayor medida entre los 7 y 14 años de edad y es mucho más común entre las niñas.

 El uso de la fuerza o coacción para abusar o intimidar a otros se conoce como bullying, aunque también puede considerarse al acoso verbal o amenaza como tal. Estas son dirigidas a personas particulares en repetidas ocasiones ya sea por motivos de raza, religión, género, sexualidad o habilidad. Puede ocurrir en cualquier contexto en el que los seres humanos interactúan unos con otros.

 El bullying es definido en todo el mundo de distintas maneras, pero básicamente consiste en tres tipos básicos de abuso: emocional, verbal y psicológico. La intimidación juega un papel muy importante y es el factor común en todos estos tipos de casos. Esa clase de intimidación varía desde la confrontación de "uno a uno" hasta la llamada "todos contra uno".

 La psicóloga Mariela Weppler señaló que es complicado estereotipar quién puede llegar a ser víctima de bullying: "Puede ser el más bajito, el más alto, el mejor o el peor alumno. Están mucho más expuestos aquellos que suelen ser más sensibles, con capacidad de llorar con facilidad ante situaciones extremas, que no soportan con facilidad chistes, que atraviesan una situación familiar complicada o también que están atravesando una situación afectiva dolorosa".

 La profesional explicó: "Ser víctima o no, depende de la capacidad de resiliencia que tenga una persona. El término ´resiliencia´ es en verdad un término que acuñamos los psicólogos desde hace poco tiempo. Proviene del campo de la física y la define como la capacidad que tienen los metales para volver a su forma original luego de pasar por un proceso de altas presiones, golpes o abollones".

 Resiliencia en psicología es la capacidad de un sujeto de soportar las adversidades y las presiones de un modo efectivo, con buena capacidad resolutiva. "Podríamos decir entonces que es más fácil que una persona con baja capacidad de resiliencia sea más fácilmente transformada en víctima de bullying", apuntó Weppler.

Ley. La senadora justicialista por el departamento San Martín Cristina Berra presentó un proyecto de ley para tratar el acoso en el ámbito escolar como una política de Estado, y que el Ministerio de Educación elabore un protocolo de actuaciones en los establecimientos educativos públicos y privados de todos los niveles de enseñanza.

‑­ El objetivo de esta ley es prevenir y erradicar el acoso en el ámbito escolar bajo la forma de hostigamiento e intimidación física o psicológica (bullying), mitigando sus efectos dañosos en niñas, niños y adolescentes. "Escuchando la voz de los docentes debemos aclarar en primer lugar que en la ley no hablamos ni de bullying ni de acoso escolar, estamos legislando sobre acosos generados fuera del ámbito escolar ya que la violencia es social", sostuvo Berra en sus fundamentos.

 Hasta hoy existían muchos proyectos de ley en distintas provincias y en la Nación que tienen contenido declarativo, en este proyecto se avanzó sobre esas expresiones de deseos y se va más allá de las declaraciones, legislando sobre aspectos reales que hacen a los vínculos entre todos los actores y se pone manos a la obra en un tema que afecta a toda la sociedad en su conjunto.

 Fabiana Malatesta, asesora jurídica de la senadora, contó sobre el proyecto, que desde febrero se trabajó con diferentes personas relacionadas al tema. “Tomamos todo lo que es el proceso educativo y todos los actores del proceso educativo, desde un chico, su familia, docentes, no docentes, incluimos a todos; Ministerio, ONG´s, prensa, formadores de docentes y facultades. En base a eso analizamos los vínculos hoy en relación al acoso escolar y ver de qué manera podemos tocar todo el procedimiento. Observar los vínculos que hoy tienen entre estos actores, para modificarlo”, aunó.

 Sobre la cuestión legal la asesora dijo: “Cuando uno pretende generar un cambio social, más vale sentate a esperar porque eso suele ser generacional. Y la violencia social forma parte de ese cambio. Los que hacemos legislación, no podemos pretender que con una ley resolvamos un tema social porque estaríamos mintiéndonos a nosotros mismos. Todo lo que es educativo y cambio social, es muy lento. Y hay que empezar a trabajarlo desde esa perspectiva”.

 Malatesta aclaró que con la ley lo que se puede realizar es un cambio de procedimiento. “Con el protocolo de actuación, por ejemplo, cuando un padre va a una escuela y le dice a la directora, mi hijo está padeciendo bullying, la primera respuesta que recibe es: no, acá en la escuela no. Puede ser que tenga problemas con alguien, pero bullying imposible le dicen. Y a raíz de esas respuestas, nosotros empezamos a preguntarnos por qué actúan de esta manera, si es un tema conocido en todos lados”, señaló.

 La asesora de Berra aseguró: “La idea del proyecto es cambiar el vínculo que hay entre el Ministerio y las escuelas. Donde el Ministerio sea un superior jerárquico que vaya en ayuda de la escuela y no a aplicarle sanciones. Y que la escuela vea en el Ministerio la herramienta de salvación ante un caso de bullying. Hoy el Ministerio tiene un equipo de actuación ante casos de violencia, que trabaja muy bien, pero es uno para toda la provincia”.

 Al respecto Valeria Barales, maestra del nivel primario en la escuela Luis Rullan de Rosario, expresó: “En el Ministerio hay pocas personas y no dan abasto con los casos graves, pero ellos no se dedican al bullying nada más sino a casos más generales, como por ejemplo violencia con armas. Esto último se tapa mucho en las escuelas, sobre todo porque las directoras tienen miedo y es por eso que no se dan a conocer”.

 ‑­A su vez, resaltando que el Ministerio no cuenta con las herramientas necesarias para actuar ante casos de violencia escolar, Barales declaró: “Yo en vez del Ministerio acudiría a la comisaría. En el colegio, una vez que el maestro no puede controlarlo se le avisa al director, luego al supervisor y por último, sí al Ministerio”.

 Otro problema que señala la maestra es que el Ministerio le brinda más atención a las escuelas reconocidas, donde van chicos de los barrios más conocidos de la ciudad, que a las escuelas de la villa. Por eso Fabiana Malatesta expuso: “Nosotros a partir del proyecto de ley pensamos que respetando la idiosincrasia y costumbres de cada región, debe haber equipos que trabajen el acoso en el ámbito escolar por cada departamento, respetando la localía. Porque no es lo mismo que ocurra un caso en el centro de Rosario, que en una escuela de Las Toscas”.

 Dos realidades. Hoy en los colegios privados hablar de bullying es mala palabra, da mala prensa. “Quién va a llevar a su hijo a un colegio donde es reconocido el bullying, nadie. En las escuelas tampoco se habla de bullying porque son sancionados. La idea es cambiar este concepto, premiar al docente que tuvo el ojo entrenado y la solidaridad de reconocer un caso y de tratarlo.  En vez de sancionar, premiamos, reconocemos y ayudamos”, aseguró Fabiana Malatesta, la asesora legal de la senadora justicialista. Además aclaró que no sólo se premia al docente sino a todas las personas que trabajan en las escuelas y a los no docentes también, porque esto no pasa dentro del aula sino que ocurre en los recreos cuando todos miran para otro lado.

 En contraposición, la directora del nivel secundario del Colegio del Sol, Marcela Mencía, señaló: “En la escuela tenemos la posibilidad de detectar los casos de bullying con bastante rapidez. Hay observadores en el tema de comportamiento de los chicos, intercambio en lugares de convivencia. Lo que permite que apenas se detecten las situaciones se pueda trabajar”. Igualmente aclaró que ello no quiere decir que siempre se detecten. 

 Por su parte la maestra de la escuela Luis Rullan explicó: “En mi establecimiento, cada vez que hay un caso lo trabajamos siempre con los chicos; desde las cargadas inocentes hasta casos de violencia. Cuando se ven casos de este tipo, lo que hacemos es separar al chico y trabajarlo individualmente, también tratamos de involucrar a los padres”.  Por ejemplo, contó un caso específico en el cual a un chico que padece un problema neurológico hace unos años le empezaron a hacer unas bromas y él se despertó, producto de la adolescencia, y comenzó a imitarlos, pero el problema es que los otros chicos no lo siguen y lo aíslan permanentemente. “Están siempre contra él -señaló-, por eso en este caso hacemos un trabajo grupal para hablar, siempre lo hablamos”.

 En cuanto al tratamiento que se da al detectar los casos en ambas escuelas, públicas y privadas, suele ser similar. “La idea es que no se tengan que ir las personas del establecimiento sino que se puedan resolver los conflictos, en el mismo lugar donde se ocasionaron -contó Mencía-. Nosotros promovemos desde la escuela el respeto, la responsabilidad y la solidaridad. No tiende a ser una ‑­escuela expulsiva”. El sistema educativo dejó de ser expulsivo, según los lineamientos ministeriales.

 Para finalizar con el tema legal Malatesta destacó que ellos previeron darle al Ministerio fuerza y dinero: “Fuerza a través de lo jurídico, la legislación, porque ponemos a la lucha contra el acoso escolar como una política de Estado. En segundo lugar, para reafirmar eso, si no le damos plata es lo mismo que nada,  por lo que creamos una partida presupuestaria. Como es una política de Estado le inyectamos dinero para que el Ministerio pueda tener equipos conformados para que vayan en ayuda de las escuelas. Si el problema es el dinero, no debe ser así”. Dentro de la ley se autoriza al gobernador para que pueda desviar algunos fondos para que vayan a este programa.

 El proyecto, que aún está en construcción, actualmente está en la Comisión de Educación de Santa Fe, luego tiene que pasar a Presupuesto y Hacienda, luego a Constitucionalidad, de allí a ser votada por los senadores y luego a Diputados. “No sabemos el tiempo que puede llevar, inclusive cuando fue presentado el proyecto sabíamos que no estaba finalizado, pero igual decidimos presentarlo porque lo importante es que se hable del tema”, finalizó la asesora legal.

 

El bullying desde el plano social

“No todo es bullying, muchas cosas están pasando porque estamos en una época donde los jóvenes imitan a los adultos. Creo que clasificar como bullying todo lo que está sucediendo en los adolescentes es una manera de no mirar e interrogar qué pasa con los adultos que son responsables de estos jóvenes”, comenzó relatando Graciela Martinet, psicóloga de la Defensoría de Niños, Niñas y Adolescentes. Además señaló que para ella no existe una única solución, sino que hay que explorar varias opciones.

 “La ley generalmente no funciona -expuso Martinet-. Por más que haya una ley el problema va a seguir estando, puede beneficiar o ayudar en algunas cosas pero no lo va a solucionar”. Además ejemplificó diciendo que el docente hoy vive corriendo de una escuela a otra y no se hace cargo de la tarea del pedagogo. “Los maestros, al igual que los padres, son modelos de los chicos y hoy el maestro no es consciente de eso, y no puede actuar desde el lugar del mediador, del que pone la palabra para frenar algunas situaciones”, comentó.

 La psicóloga añadió que los niños que reciben estos tratos no son casuales, muchas veces son chicos con dificultades, son jóvenes que se aíslan del entorno. Y además agregó que esas características no aparecen sólo en ese momento sino que desde muy temprana edad y no fue visto ni atendido a tiempo.

 Desde la entidad oficial también se coincidió con lo expuesto por la directora del Colegio del Sol y la maestra de la escuela Luis Rullan, sobre cómo se actúa ante la detección de una caso de bullying.  “La institución ante un caso de bullying debe sentar a los chicos, hablar con ellos, ‑­convocar a los padres, más allá de que es un momento difícil el que se está pasando”, indicó Graciela Martinet.

 Las denuncias por casos de bullying también llegan a las organizaciones de la sociedad civil y es así como aparece en escena VOX. A la organización no gubernamental llegan por  mes entre tres y seis denuncias de discriminación en las escuelas. “A nosotros nos llegan las denuncias y tenemos que tratarlo con mucha cautela porque la escuela no quiere problemas y las consecuencias a la larga se tienen”, recalcaron desde la asociación.

 Cuando los casos de bullying refieren a hechos de la diversidad sexual, se dirigen al Área de la Diversidad y de ahí lo derivan a VOX, que es la ONG de más trayectoria en la temática y tiene todo el aparato para responder a las preguntas que surgen. Tiene capacitadores, área jurídica, psicológica y un grupo de jóvenes, para cuando van padres de jóvenes y adolescentes.

 Los referentes señalaron: “La justicia es lerda. Jurídicamente mucho no se puede hacer. Se ha tenido que cambiar a chicos de las escuelas porque en los establecimientos donde se radican las denuncias no se dan respuesta ni se ofrecen soluciones, y se expone al chico a situaciones peores de las que ya estaba viviendo. Porque siempre hay represalias”. Caso distinto al que indicaron la maestra de la escuela pública y la directora del colegio privado.

El origen del bullying

El bullying es una categoría importada que viene de una clasificación que hace la psiquiatría norteamericana. Maureen Dolan, socióloga estadounidense comentó: “El bullying en Estados Unidos recién ahora se está tomando en serio porque es un problema donde a veces los chicos terminan suicidándose o son quienes llevan armas al colegio y generan las tan famosas masacres en los establecimientos educativos”.

 Dolan señaló que el problema es que los docentes no toman un papel fuerte en prevenir y además explicó que antes era ignorado y ahora se lo está publicitando más.  “Hay luchas de poder en Estados Unidos. El problema es que todos están armados. Por ejemplo tenía una clase de investigación social donde venían personas de todas las universidades y en una clase de 40 alumnos pregunté cuántos podrían poner sus manos en un arma dentro de una hora, y levantaron la mano el 80 por ciento. Y la segunda pregunta fue cuántos tienen un arma en su auto aquí en la universidad, y cinco o seis se atrevieron a levantar la mano. Pero ninguno de mis colegas estaba impresionado. Está asumido culturalmente. Después de ahí nadie falló en mi clase”, deslizó tristemente. Y concluyó que su país está dominado por no luchar y no preguntar.

‑­Respuestas al bullying

 Desde el Ministerio de Educación no ha habido una respuesta oficial, ya que al asistir al establecimiento de Echeverría 150 bis, sede de esa repartición en Rosario, se informó que no existe un grupo socioeducativo especializado en la temática del bullying, sino en situaciones generales. Por lo cual no se sentían capacitados para responder a los interrogantes en referencia al tema.

 Por otra parte, Marina Torres, jefa de prensa del Ministerio, la encargada de las reuniones con quienes van en busca de información a la repartición oficial, tampoco tuvo respuesta, refiriéndose al hecho de que ellos puntualmente no reciben denuncias de bullying y además sólo se encargan de cuestiones generales.

 Se espera entonces que luego de la aprobación del proyecto de ley para el nuevo protocolo de actuación frente a casos de bullying, cambie la relación Ministerio-escuela-alumnos, y que los docentes cuenten con mayores herramientas para prevenir estos casos. Aunque cabe aclarar que es sólo una expectativa y no hay certezas de que se pueda llegar a realizar.

 Como parte de una solución, la psicóloga Mariela Weppler apuntó: "Debe hablarse en todos los espacios públicos de este tema y realizar prevención basándose en la concientización, no esperar a que se instalen situaciones de orden irreversible. Los psicólogos debemos trabajar con los fines de evitar la ruptura de los lazos sociales y para fortalecer a los niños, brindarles herramientas de poder sentirse escuchados, no juzgarlos, posibilitarles reflexionar con otros para poder reconocer y diferenciar lo que es el trato, del maltrato".

 Las intervenciones para solucionar este problema no son iguales para todos los casos y hay que evaluar cada situación. No importa el lugar en que se dé o si algunos problemas son “más graves” que otros. Lo cierto es que todos deberían tener el mismo nivel de importancia y ser tratados de la misma manera pero siempre a través de la palabra y no con la confrontación física o verbal.

 “El bullying nunca es justificado, lo que sí pensamos es en encontrar su razón de ser, y los patrones estudiados revelaron que el bullying se mantiene mientras se instale la trama del triángulo víctima-agresor-espectador. Se sabe que los agresores tienen serias dificultades subjetivas, no necesariamente padece una enfermedad mental, pero se trata de una persona tóxica emocionalmente”, finalizó Weppler. 

Volver

Buscar en el sitio

Quince en Uno - Rosario, Argentina. © 2013 Todos los derechos reservados.